Primero lo primero: estoy personalmente convencido de que Andrés Manuel López Obrador debe amanecer el 2 de julio de este año como el presidente electo por la mayoría de los mexicanos para conducir el poder ejecutivo de este país los siguientes 6 años.
Dicho lo anterior, debo decir que no soy ningún fanático, que esta convicción que expreso sobre AMLO no proviene de ningún aspecto místico ni de ninguna creencia irracional. He hecho mis propios cálculos sobre que le conviene a mi país y he arribado a esta conclusión de forma enteramente racional. Puedo desglosar mi preferencia por varios ángulos y explicarla, pero esto no es de lo que quiero hablar aquí.
Hace poco más de un año yo no veía que hubiera opción política alguna que valiera la pena. El PAN da miedo al haberse convertido en un PRI azul, pero doblemente corrupto y con el agregado de que se les ha salido el país de control por completo. Es precisamente esta notoria ineptitud de los panistas para las tareas de gobierno lo que lleva a algunos a mirar hacia el lado del PRI.
Pero el PRI ya no está allí. En el 2000 su cadáver fue desollado y los poderes fácticos se han ido construyendo un disfraz con esta notoriamente arrugada piel. Principalmente las televisoras han jugado a que el PRI sigue vivo y coleando y por delante nos ponen a un ex-gobernador del Estado de México para que creamos que el PRI tiene candidato. Nada más alejado de la realidad.
Enrique Peña es el candidato de Teleizasteca para privatizarle Pemex a unos cuantos y dejarle a estos pseudo-empresarios el control total del espectro radioeléctrico. Los bienes públicos más importantes del siglo XX y el XXI en México están en riesgo de perderse si quienes posan como el PRI llevan a su gerente a los Pinos.
Luego, miraba hacia los partidos de izquierda y veía a gente como Noroña hacer de las suyas, a Bejarano volviendo al escenario y a un Partido Convergencia que no me inspiraba en lo más mínimo.
De estas cosas me dolía públicamente en Twitter cuando un día de finales de febrero de 2011 aparece en mi timeline una invitación de @FedericoArreola para asistir a una comida con López Obrador. La curiosidad me invadió completamente.
Había yo tenido algunas conversaciones en Twitter con gente que apoyaba a López Obrador y aunque su convicción me conmovía, la mayor parte de las veces la pobreza de sus razonamientos y sobre todo el halo quasi-religioso con el que se referían a AMLO me inspiraba desconfianza. Pero la invitación del muy respetado Don Fede abría la posibilidad de fuera yo a ver por mis propios ojos de que se trataba eso que llaman el fenómeno López Obrador.
Llegué al University Club ataviado acorde con el resto de la audiencia: strictly business. Me sentía más en una reunión de Coparmex -como a las que había asistido de muy joven en Toluca acompañando a mi padre-, que en lo que tenía en mi imaginación como un mítin de gente de izquierda.
Puntualmente apareció en su momento AMLO. Mi primera impresión fue un shock total. Lo había visto en decenas de videos y fotografías, el gesto siempre adusto, el semblante siempre irascible. Pero frente a mi, a solo unos centímetros, pasaba un hombre con un rostro afable, que transparentaba algo que en mi vida siempre he leído como amabilidad y decencia.
El López Obrador que tenía frente a mi me parecía una persona completamente distinta al López Obrador que las imágenes mediáticas habían sembrado en mi cerebro. Primer paso: de la vista nace el amor.
Pero no me iba yo a dejar llevar por primeras impresiones. Pregunté a mis acompañantes de mesa quiénes eran, a qué se dedicaban y por qué estaban allí. Todos eran prósperos empresarios, de Monterrey, Córdoba y Guadalajara que habían asistido, al igual que yo, guiados más por curiosidad que por convicción y, al igual que yo se habían impresionado de lo diferente que se veía en vivo, pero, al igual que yo, esperarían a escuchar un poco más a fondo sobre lo que tenía que decirnos antes de dar un juicio.
Comenzó hablando Fernando Turner. La gente asintía punto por punto a lo que decía sobre la economía monopolizada que extrae dinero a todos y lo concentra en unos pocos ligados al gobierno; de como la actividad empresarial es ante todo creación y riesgo, de muchas cosas que los empresarios hablamos entre nosotros de forma consuetudinaria. Al terminar el aplauso y la empatía con el discurso de Turner fueron totales. Vendría el plato fuerte.
López Obrador tomó el micrófono y el silencio reinó en la sala. Su discurso nítido, fresco, directo, al grano y sin rodeos. Un diagnóstico de la economía, sus problemas y las formas en como pueden solucionarse que bien pudo haberse originado en el seno de una organización empresarial, pero con el toque peculiar de este político honesto, preocupado por la sociedad en su conjunto y no por un solo segmento de esta.
El aplauso de todos los ahí reunidos fue explosivo, la gente se puso de pie, siguió aplaudiendo mientras AMLO bajaba del estrado y volvía a su mesa, una entre tantas; nada de mesas de honor.
Pregunté a mis compañeros de mesa que pensaban. Todos estaban convencidos, en 2012 apoyarían a López Obrador. Salí de allí siendo uno de los recién convertidos, sabía desde ese momento que en 2012 votaría por AMLO.
Pasaron varios meses y en una ocasión en que conversaba con un viejo amigo, que es uno de los consultores políticos más notables que hay hoy en México, me preguntaba si tenía planes de participar con mi trabajo en algunas de las campañas.
Mi compañía, AureaCode, ha hecho campañas políticas menores, solamente en México, pero en cierta cuantía y con resultados siempre positivos. Habíamos ya roto hitos en la comunicación política por Internet siendo los primeros que implementamos Facebook Connect en un sitio de campaña en el remoto 2009, además de que en ese mismo año habíamos logrado articular algunos niveles de movilización en la calle desde las comunidades de Internet.
Me sentía preparado para poder concursar cualquier campaña, pero a la vez estaba convencido de que no trabajaría para el PAN ni para el PRI. Una campaña municipal o distrital no requiere más que de una idea central y un método de desarrollo, se ejecuta en conjunto con varias otras y en ninguna existe un involucramiento personal de mi parte. Pero en una campaña presidencial no involucrarme de forma personal me resultaría imposible. Tengo fuertes convicciones políticas y cuando se trata de elegir al presidente de mi país, no puedo desvincularme de ellas.
Sin embargo no conocía a nadie en los partidos de izquierda que pudiera acercarme a los encargados de la campaña de AMLO, así que le di a mi amigo mis ideas sobre como una campaña en Internet en 2012 debía ser dejada en manos de la gente, no de los partidos y sus estructuras y para ello se necesitarían toneladas de creatividad y kilómetros de técnica. Sería una labor titánica, pero asequible para quien comprendiera a fondo ciertos aspectos de la tecnología de Internet y de las interacciones humanas que se dan a través de esta.
Semanas después recibí una llamada de mi amigo quien me pidió que le entregara un proyecto explicando lo que habíamos platicado aquel día. Lo hice, se lo envié y no esperé nada. Pasaron unos días y volvió a llamarme: "Haz una presentación y llévala hoy a tal hora con X y Y de la campaña de AMLO".
Hice la presentación representando la idea de diseño que había tenido desde meses atrás para algo como esto. Sabía que era de lo más inusual y que me arriesgaba a que simplemente no comprendieran la idea y me devolvieran a mi casa por un tubo.
Por sala de juntas tuvimos una tortería, por proyector mi tableta. Pasé cada uno de mis slides, les expliqué de que iba la idea central, de como articularíamos el proceso de convocatoria, organización y movilización a través de una estrategia sólida pero con una cara amable, innovadora y basada en la gente. El etos de AMLO puesto en campaña de Internet. No íbamos a dominar, no íbamos a guiar, solo asistiríamos lo que ya está allí y crece día a día: el apoyo masivo de los usuarios de Internet a la candidatura de AMLO.
La inteligencia de quienes han conducido las campañas de AMLO es incuestionable. En 2006 ganaron la campaña para la presidencia de la república frente a Fox, las televisoras, el CCE y la peor campaña negra que se ha llevado a cabo en la historia. Por que no estamos ahora terminando el periodo presidencial de AMLO sino cercanos a comenzarlo, es otra historia.
Luego de 2006, las personas con quienes compartía la mesa esa noche habían logrado mantener viva a imagen de AMLO y organizado Morena a lo largo y ancho de todo México, sin recursos, pero con imaginación e inigualable destreza. Más exigentes sinodales a mi propuesta no pude haber imaginado.
Terminé, miré sus rostros de póker -lo que uno esperara cuando le presenta a profesionales de alto calibre- y salí de allí esperanzado de haber dejado una buena impresión.
Pasaron unos cuantos días, seguí con mi vida ordinaria y un día de la nada recibí una llamada, mi propuesta había sido aceptaba, estábamos en línea para asistir la campaña de la gente en la red a favor de AMLO. No seríamos la campaña oficial, no estaríamos constreñidos por manuales de imagen ni reglas de comunicación.
La libertad de la gente en las redes sociales era reconocida plenamente por los estrategas de la campaña de AMLO y con ello abrían el paso para que nosotros llegáramos a ayudarle a estas miles de personas a darle una expresión tecnológica y artística a sus ideas para hacerlas virales.
Tenemos ya en esto poco más de tres semanas y hasta ahora hemos cumplido la misión con creces. La imagen de AMLO y su gabinete posando como el Sgt. Peje se ha viralizado de manera espectacular. Aun y cuando fue ejecutada por varios profesionales, la idea vino de un ciudadano interesado en ayudar a la campaña. Vamos por donde queríamos ir.
Día a día llegan nuevas contribuciones a AMLO.si, nuestro sitio, y cada minuto crece el número de personas que se acercan a esta nueva forma de conducir un esfuerzo comunitario a favor de un candidato en Internet. Todo apunta a que llegaremos a cumplir nuestra meta: que sea la gente la que organizándose a través de Internet impulse la victoria de AMLO el próximo 1 de julio y que además, sean también los ciudadanos quienes cuiden que no se repita el fraude de 2006.
Estoy convencido de que Andrés Manuel López Obrador será el próximo presidente de México y orgulloso de que AMLO.si sea un nodo más en la extensa red de personas y sitios que articularán su papel en esta victoria popular a través del Internet.
Sin embargo, no se puede decir que todos estén contentos con nuestra campaña. Algunas de las personas que han apoyado a AMLO desde hace años sienten que no somos meritorios de estar jugando hoy este papel porque nos ven como químicamente impuros. Me han acusado en lo personal de no ser fanático religioso pro-AMLO -razón que les concedo-, de ser anulista (algo que fui) y de tener amigos con todo tipo de preferencias políticas, cosa que con orgullo admito.
Desde el día que supe que iniciaría esta tarea que hoy tengo encomendada busqué a algunas de estas personas para ser parte del proyecto AMLO.si y el resultado fue un absoluto rechazo. He intentado convencerlos de lo positivo que resulta AMLO.si para el objetivo de conseguir la victoria de López Obrador en 2012 a través de múltiples ejemplos de gente que nos escribe diciendo que si no fuera por este sitio jamás se hubieran enterado de lo que propone AMLO. Pero la respuesta de quienes reniegan de AMLO.si y de mi persona ha sido de una hostilidad in crescendo. Ya no les respondo, bendita sea la función block en Twitter.
Lo siento en verdad. Lamento mucho que algunas personas no puedan verse reflejados en lo que es AMLO.si. Pero espero que los esfuerzos que estas personas conducen en Internet por su lado fructifiquen también en el objetivo común que tenemos todos: que el 1 de diciembre de 2012 México amanezca con la esperanza de un cambio verdadero que habremos de conseguir con nuestras propias manos votando todos por AMLO.